Tortosa, 6 agosto 2009 Y FINALIZANDO. He enviado la anterior carta a las 8.30. Pues bien, a las 9.30 me ha telefoneado mi hermana para decirma que se equivocaron de informe. Lo siento, es demasiado tarde puesto que el mal ya está hecho. Además un psiquiatra y más si es de la sanidad pública, empresa subcontratada por el paraíso ibérico, es imposible que se equivoque y sus decisiones son inapelables, teniendo sobre las almas de los supuestos pacientes más autoridad que el Papa de Roma. Si el informe no puede ser un error indica que está hecho con malicia, premeditación, alevosía y nocturnidad para lastimarme, indignarme y forzarme a que me gaste toda mi hacienda entre abogados, jueces y chupatintas, en una carrera interminable e inútil, puesto que no creo en la justicia ibérica (Tortosa fue la primera ciudad con este nombre, que luego se extendió a toda la península y a la compañía aérea), después de lo que me han hecho, y después de quedarme sin un céntimo y perder el juicio ante los tribunales, quedarme en la puta calle al albur y capricho de la asistencia social, con la que ya el ayuntamiento de Tortosa me ha abierto un nuevo frente de guerra. Y no quiero hablar más del tema, pero eso de ir sobrados contra mí como hasta ahora se ha terminado. NOTA: ¿Ha habido algún político ibérico que haya denunciado la brutal agresión contra la libertad de expresión de Chávez en Bolivia?
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