miércoles, 4 de noviembre de 2009

CONFESIONES (XI)


Tortosa, 20 agosto 2009 CONFESIONES EN EL DIVÁN DEL PSIQUIATRA (XI). El resto se puede leer en mis memorias. Pero a partir de que la Virgen del Pilar me salvó la vida cuando en la víspera-noche de Todos los Santos del 2004 en Mirambel, al intentar suicidarme con fármacos, cortándome la venas y tirándome de un puente, al grito de "¡me cago en Dios!", referido no al Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, sino al Olimpo, que desde el pecado de Adán y Eva, se erigió en Dios de la creación, queriendo a lo largo de toda la histora usurpar al verdadero Dios sus prerrogativas sobre ella, pues en ese Dios me cagué y no he vuelto a repetir tal blasfemia por respeto a los inocentes e ignorantes, y es que para blasfemar también hay que saber teología (he dicho todo esto especialmente por los de Mirambel, a donde no pienso volver ni para el entierro de mi padrino); a partir de la muerte del cabrón del Vaticano; a partir de la muerte de la Abadesa de las Huelgas; a partir de mi autoproclamación como nuevo Papa de Roma; a partir de cuando mendigué oraciones por mí y mis intenciones a muchos conventos de clausura; y sobre todo a partir del día en que en un bar descubrí la devoción a S. José, nuestro Padre y Señor, del que por cierto nunca me hablaron los curas, y a la devoción a su poderosísimo garrote, fue a partir de estos acontecimientos cuando dejando ya el footing, la desaparición de mis tentaciones contra la pureza, vi que mi edificio doctrinal estaba completo y terminado, y que la oración, trabajo, honradez, amor a la justicia, a la verdad, a la libertad y a la Trinidad del cielo y de la tierra de mucha gente, serían las ruedas que pondrían en marcha el edificio para la aplicación del proyecto Génesis AMDG.


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