miércoles, 4 de noviembre de 2009

CONFESIONES (II)

Tortosa, 13 agosto 2009 CONFESIONES EN EL DIVÁN DEL PSIQUIATRA. También los familiares del "Esbarrat" de Jesús, a donde iba todos los domingos a comer, me llevaron una vez a las fallas de Valencia y por la tarde me llevaron a ver una película verde, pero recuerdo que todo aquel bullicio y las escabrosas escenas de la película me produjeron un gran malestar general. Así sobre aquella sólida base de educación sexual sentada por mi padre en el momento oportuno y gracias a la gracia santificante que Dios siempre da a los que se la piden, ingresé en el seminario por vocación y libérrimamente, llegando virgen al altar el 2 de septiembre de 1978. Después he descubierto el gran aprecio que tenía mi padre a la castidad y sobre todo en no dejarse engañar y arrastrar por las redes que lanzan los dioses para atontar y pescar a los humanos y ponerlos bajo su dominio follándolos. Y ese temor por que no me ocurriera esto a mí fue la angustia y el peso que minaba su salud y que no pudo soportar hasta llevarlo a la muerte. La prueba de todo esto es que un día le manifestó indignado a mi madre: "este atontau si llega a cura no tendrá huevos para salirse de este tinglau que están montando los curas hoy en día en la Iglesia". En vacaciones de semana santa estando durmiendo en casa la noche anterior a su accidente, haciéndome yo el dormido, entró en mi habitación y me dio un beso, cosa que nunca había hecho antes. ¿Lograron los dioses con esta preocupación cerrarle por completo la cúpula de su cerebro, al igual que el gólgota estaba cubierto de tinieblas cuando Cristo exclamó "Padre, ¿por qué me has abandonado?" No lo sé, pero de hecho cuando un estafador íbero le hizo perder mucho dinero en la finca en la que había puesto todos los ahorros familiares, casi obligándole a que se la vendiera con el dolo de evitar pérdidas mayores, sollozando manifestó a mi madre que con aquella estafa había arruinado el futuro de los hijos.


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