Ahora que ya he vendido la casa de Mirambel puedo hablar con libertad sobre mi familia paterna, procedente de Mirambel, y del Maestrazgo, que yo calificaría como la reserva mundial de deshechos humanos, no en vano es la Cartago Vetus. De mi familia sólo salvaría a mi abuelo Manuel y a mi padre Abelardo, que hicieron la burla a la Torá y a Alá, por lo que fueron ejecutados antes de cumplir los 50. El resto se ha dejado manipular por el Olimpo poniendo sus conocimientos judíos a su servicio y teniendo como guía y pater-familias a Antonio Ripollés, el que durante muchos años incluida la etapa del Concilio fue el capellán familiar-secretario del Obispo de Tortosa, Moll, que conocía lo alto, lo ancho y lo largo de la historia actual ya que fue ordenado de presbítero por Merry del Val, Secretario de Estado de S. Pío X, y fue obispo auxiliar de Félix Bilbao, el que envió el espía a Escrivá. Además Moll tenía un sobrino del Opus. Y Ripollés se introdujo en mi familia porque es primo hermano de la esposa de mi tío Trinitario. Los cinco hermanos se casaron con argonautas, siguiéndoles en esto también sus hijos. Incluso mi hermana, que en el ambiente meapilas, clerical y de república bananera que ha sido siempre Jesús, siempre se encontró a sus anchas, se casó con un policía nacional, también conocedor del Opus por intuición mía, misión que debió dirigir ya el Borbón, siendo príncipe, para preparar su dictadura, al ser sustituido mi padre al morir, por un militar de su plena confianza, mi cuñado Alfredo Gallego Leal. Fue cuando dejé el Opus, la mejor época de mi vida cuando estuve en él, y que dejé por el ambiente enrarecido que crearon los otros curas tortosinos del Opus, que vi que no entraron en él por vocación sino por política, digo que cuando lo dejé, cosa de la que se alegró mi madre, ésta me retornó a la familia, a la que ya había olvidado después de 12 años encerrado en el seminario, y que poco a poco, mediante la afectividad familiar, estos buitres judíos, me robaron permisos para follarme desde la distancia y tenerme así sometido a ellos, al Olimpo y a la Corona.
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