Tortosa, 13 junio 2009 TODAVÍA QUEDAN MATACURAS EN TORTOSA (y II). Hubo al principio del siglo XX un hombre santo en Tortosa, con ascendencia en el Mas de Barberans o Villar de Santa María, que aunque su devoción a los ángeles por deficiente formación fue lo que lo perdió, hizo una gran labor en Tortosa, España, Roma y Sudamérica en defensa de la promoción de curas humanos y no dioses, aunque siempre se le coló alguno. Todo bajo el impulso en la sombra del primer hombre de la trilogía final, Giussepe Sato, S. Pío X. Ese tortosino se llamaba Manuel Domingo y Sol, Mossèn Sol, que nació precisamente en la plaza del Ángel de Tortosa. Pero el Olimpo Escorpión no pudo soportar que tantos humanos santos recibieran el sacerdocio, sobre todo en su diócesis y en España. Entonces fue cuando tras una paciente y laboriosa intoxicación mental de sus gentes que duró largos años, llegó el momento maduro alrededor del 36 de la liquidación de todo este personal. Así en la diócesis de Tortosa, que entonces se extendía hasta Almenara, fronteriza con la provincia de Valencia, los rojos marxistas y anarquistas y la gente ruda y salvaje de estas tierras se cepillaron al 60% de los 500 curas de la diódesis, es decir, la casi totalidad de los curas no dioses y algún que otro dios por equivocación. De los humanos sólo se salvó Mossèn Manyà por catalinista y algún que otro más. Ya dije en cierta ocasión que a Pallas Atenea no le gusta la competencia. Pero la labor depredadora del Olimpo Escorpión continuó implacable hasta llegar al día de hoy que solamente quedó yo, por chiripa, como cura no dios, pero que azuzado por las circunstancias de esta mierda de pueblo me veo obligado a ser un cierrabares y expuesto a los peligros de la intemperie, como lo que me ocurrió el día de Corpus con el comunista, el último matacuras.
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