miércoles, 4 de noviembre de 2009

LEVANTAR LA VOZ

Tortosa, 3 agosto 2009 ¿LEVANTAR LA VOZ, ES UN SÍNTOMA DE LOCURA? En la actual política y cultura de paz, asentada sobre la injusticia, la mentira y la hipócrita sonrisa mediática, y que comenzó a partir del final de la II Guerra Mundial, "los vigilantes de la playa", es decir, el Olimpo y sus secuaces humanos, están altísimamente sensibilizados para cortar de raíz a quienes levantan la voz para defender con ardor la verdad y la justicia en el significado bíblico de la palabra, y les tachan de violentos y de tener ideas delirantes. El caldo de cultivo más apropiado para sufrir injusticias es en el seno de la familia, propiamente dicha, o en organizaciones de talante y estilo familiar como el de las autoridades ibéricas, que pueden ser locales, nacionales o supranacionales. Y es que la persona cuerda se siente indefensa ante sus ataques siempre envueltos en sutilezas de cariño y sincera amistad. Por ello se puede dar el caso, del que tengo experiencia, que una persona honrada, cuerda y cristiana se encuentre superprotegido materialmente por sus familiares y autoridades y que viva a la intemperie y sin nadie que le defienda en su faceta más importante, es decir, en la de su espíritu. He sacado a colación la palabra "ibéricas" por lo de los cerdos ibéricos. De todos es sabido que los moros tienen prohibido comer su carne para no lastimar en símbolo a los señores tiranos de este mundo y a sus colaboradores, a los que según ellos representa el cerdo, y evitar así que se irrite su ira contra ellos. Lo cual es una prueba más de que el Islam es sencilla y llanamente una suprestición fanática, urdida por los ángeles para la clase de tropa, la cual quiere emular al paraíso ibérico en sus placeres mundanales y en su aversión al trabajo físico e intelectual, siempre con la esperanza de que si no lo consiguen en esta vida, lo conseguirán en la otra en donde podrán comer de todo tipo de manjares, follar "a gogó" y olgazanear por el paraíso, todo igual que los cerdos ibéricos. Es lo que en Iberia se llama en la actualidad el estado del bienestar, para los que puedan, claro, como las autoridades eclesiásticas, civiles y militares, y sus empresas subcontratadas.


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