En la víspera de la fiesta de Todos los Santos bajaron mis padres de Mirambel a Tortosa para instalarse en la taberna de Jesús en 1953. Mi madre estaba embarazada de mí y al cruzar la vía del tren cayó en ella y el jefe de estación tuvo que retrasar la salida de un convoy hasta que la sacaran de allí. En la víspera de Todos los Santos de 1983, estando en Binéfar a punto de conciliar el sueño entraron en mi habitación una turba de delincuentes (tíos, enfermeras) capitaneados por mi madre, la Abadesa de las Huelgas, para reducirme, según la nueva política de la URSE para la persecución de los cristianos. Me pusieron una inyección letal, pero antes les grité que iban a cometer un crimen. Al día siguiente desperté en la clínica psiquiátrica, Los Abetos, de Lérida, capitaneada por el doctor Celma de Alcañiz. Aquella tarde el Papa de Roma en su primera visita a España había hecho un discursito a unas carmelitas de Ávila. En la víspera de Todos los Santos del 2002, estando yo solo en mi casa de Mirambel me tomé un puñado de pastillas de Haloperidol, me corté las venas y me tiré de un puente situado en frente de la ermita de la Virgen del Pilar. Debe ser que en esta fiesta confluyen todas las pollas olímpicas sobre el hombre para anularlo y sentirse ellos fuertes y poderosos como dominadores absolutos del mundo.
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