lunes, 23 de noviembre de 2009

ADRIANO DE UTRECH, UN HOLANDÉS DE PRO

Adriano fue el preceptor del Emperador Carlos V de Alemania y primero de España, y éste al venir a este país se lo trajo como hombre de confianza y consejero. El Emperador, sabedor de que donde se cortaba el bacalao de la vida y la muerte, era Tortosa, lo nombró obispo de esta diócesis como inspector y espía, según el significado griego de episcopus. Los escorpiones, molestos con el nuevo, santo e ilustrado obispo, decidieron aplicarle el antiguo adagio latino de "elevatur, ut removeatur" (ser elevado para ser removido del cargo), y así movieron los hilos de la alta política para que fuera elevado al papado y así sacudírselo de encima. Adriano se apercibió de la jugada y al ser nombrado Papa, no renunció al episcopado tortosino, continuando siendo su obispo aunque desde la distancia. Estuvo un año y pico en el Vaticano en que dio ejemplo de austeridad y redujo la paga de los cardenales. También tenía proyectado convocar un concilio contra la herejía protestante. El único cardenal que nombró, hombre de su confianza, lo hizo su sucesor en la sede tortosina y en su mausoleo de la iglesia de l'ánima de Roma, mandado construir por dicho cardenal, figura como uno de sus títulos más ilustres el de "fue obispo de Tortosa".

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