Con la llegada del nuevo dictador que siempre dice que está al servicio de todos los españoles, es decir de Alá, hemos pasado del miedo a la ley, a la ley de la selva, que es la que dicta el Olimpo a la naturaleza y en este caso a la naturaleza animal. Así los íberos, siendo obedientes al dictador ya que eso les llevará al objetivo final de sus ancestros en una época nueva, han cambiado lo racional del alma humana por el instinto animal. Y si en la etapa anterior había vestigios, aunque equivocados, del cristianismo, en ésta quien osa tan siquiera nombrar el nombre de Dios es mal visto o despreciado por el ambiente, si no perseguido. Así la constitución del 78 es atea y sólo es como un reglamento para mentener el orden en la enorme granja en que han convertido Iberia, en que la iglesia católica es el pastor y los políticos y fuerzas de seguridad los perros que la custodian, y a cuyos animales han desatado los instintos pero dentro de la ley de la selva. El objetivo sigue siendo el mismo de la etapa anterior: cargarse al Hombre y silenciar la verdadera Fe. Para ello han copado la educación en donde ni se plantea la idea de Dios y se adoctrina a la juventud con teorías evolucionistas, hedonistas y ayunas de ideales. Entonces la juventud se ve acorralada y sin verdadera libertad y tira el carro por el pedregal con la droga, el sexo desmadrado e incluso el crimen. En lo que se ha llamado el proceso democrático sólo falta legislar sobre la eutanasia yel bestialismo. Ya Tarancón al inicio de este proceso dijo al Borbón que había que poner a los españoles bajo el imperio de la ley, esta vez no religiosa sino materialista de animales de corral. Así Alá puede seguir viviendo placidamente en Tortosa repartiendo ostias por todo el territorio nacional y mundial.
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