Tortosa, 31 mayo 2009 SIMÓN DEL DESIERTO. Gran aficionado a la soledad de los chalecitos, primero vivió con sus padres en uno de Jesús y desde hace muchos años, siempre ha trabajado como dirigente en el seminario, vive en otro del "pinaret" del seminario. Ha seguido como dios el recorrido de mi vida desde mi nacimiento, es gran conocedor de las gentes del Maestrazgo, de donde es oriundo cuando sus parroquias turolenses pertenecían a la diócesis de Zaragoza, cuya Virgen del Pilar es patrona de la Guardia Civil, y es gran conocedor de mi familia y de mis tres amores argonautas de niñez de que hablé el otro día. De niño compartió escuela con mi padre en Cantavieja, la Cartago Vetus. Cuando fui ingresado en la clínica psiquiátrica de Lérida por obra y gracia de la Abadesa de las Huelgas, me pidió al salir la dirección del centro para enviar allí a otra gente que conocía él. Personaje de estilo franciscano, taimado y de muy mal genio, es anti-Opus pero cuando falleció su fundador me alabó su figura sacerdotal. Sería por aquello de muerto el perro, muerta la rabia. Tipo astuto y reservado siempre da su última visión genial de los temas con la prerrogativa de inapelable. Hoy en día es el único clérigo de la diócesis metido en una funda de paraguas, la sotana, quizá para ahorrar en ropa para gastarse el dinero en coches de gran cilindrada aunque siempre de segunda mano. Simón siempre ha sido y es en la actualidad a sus más de 80 años el "nomber one" como si la muerte no fuera con él. También es especialista en producir desde el Olimpo, enseñando sus males artes a muchos dioses, enfermedades mentales, hepáticas, quizá diabetes y el mal vivir de los colgados y arrastrados. Pasa largos ratos ante el sagrario del seminario, rehúye a la gente y prácticamente toda Tortosa está rendida a su vara, la mayoría sin haberlo visto nunca. Por cierto, al día de hoy todavía no llego a distinguir entre los Telediarios y los noticieros del NO-DO.
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