miércoles, 4 de noviembre de 2009

CONFESIONES (III)

Tortosa, 14 agosto 2009 CONFESIONES EN EL DIVÁN DEL PSIQUIATRA (III). Desde 1973 me enrrolé en las filas del Opus Dei siquiendo el señuelo de Escrivá, sacerdote del linaje humano cuya doctrina y ejemplo me producían paz mental cristiana por lo menos para respirar un poco y tomar aire fuera del infierno de Tortosa y su seminario. Pero desde la distancia me he dado cuenta, que aquello fue como si yo fuera un saco de patatas abandonado por alguien en la sala más noble del palacio del palacio francés del rey Sol. Salgo del seminario en 1977, en que pedí la admisión a la Obra, y me llevan engañado a Morella. En el 78 soy ordenado de Presbítero y sigo en Morella sin preguntarme nadie cómo me encuentro allí. Continúo con mi lucha por la paz mental a la que cada vez me cuesta más trabajo dedicarme por el trabajo alienante que me imponen Mestre y Martorell, de los que mi madre me dice que tenía en ellos buenos maestros. Sigo con mi oración junto con las ascéticas normas del Opus en un terreno hostil. Al ver que no obtengo ningún fruto apostólico me dedico a rezar y sacrificarme por el mundo entero y a hacer footing penitencial con un cilicio atado en la cintura y que cada vez se convierte más en amor animal a toda la humanidad llegando un momento que esto me produce placer sexual que me veo obligado a consentir. Así todas mis normas y el trabajo comienzan a hacerse mecánicos, movidos únicamente por el voluntarismo y por una pequeña lucecita de esperanza de que todo aquello el Señor lo tendrá en cuenta. Cuando digo misa en la arciprestal no sé qué hace la gente, pero al salir de la Iglesia me noto la polla cargada, hasta que un día no pudiendo aguantar más y me la casco por primera vez en mi vida. Esto me crea un enorme conflicto de conciencia por haber transgredido mi ley del celibato y de que aquello influyera físicamente y como tentación a pecar a mucha gente al ser yo presbítero, y voy al obispo Carles a que me dé la absolución. Finalmente hay que decir que el Borbón visitó Morella en una de sus primeras visitas oficiales a territorio español en 1976. En 1977 era presidente del Opus, Álvaro del Portillo, madrileño amigo personal del Borbón y de Fraga, que debió ser el que aconsejó al Borbón su visita a Morella ya que el secretario de Fraga era de Morella. Aunque noté el cambio de Escrivá a Portillo no sabía por qué. Portillo parecía un tanque con un ordenador en la cabeza y un cañón, con la afectividad como arma de defensa.


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