Tortosa, 17 agosto 2009 CONFESIONES EN EL DIVÁN DEL PSIQUIATRA (VII). A partir de entonces y ya en Tortosa comienzo mis investigaciones teológicas a partir de aquella idea clara y distinta, siempre atacada por la duda y por no tener ningún apoyo de nadie, lo cual hizo que aumentara mi aislamiento y mi carácter antisocial y antitodo. Sigo la metodología del footing justiciero contra los curas. Pero nunca he perdido la Fe en todas estas investigaciones sino que me la confirmaban ya que "quien paga, manda" y además "quidquid recipitur, ad modum recipienti recipitur" (lo que se recibe, toma la forma del recipiente), y asi las respuestas que recibía de los dioses a mis actuaciones inquisitoriales, casaban perfectamente con la Fe verdadera y además, siendo esto lo más importante, dieron poco a poco el complemento de plenitud al cuerpo doctrinal del Magisterio de la Iglesia, ya que en mi aprendizaje teológico en el seminario ningún profesor satisfizo plenamente mis inquietudes intelectuales y de explicación de la verdadera Fe, quedándome siempre en suspenso por ejemplo el problema de la verdadera causa del mal en el mundo, siendo cierta y verdadera la muerte y resurrección de Cristo para salvarnos. Siempre me venían con el manido rollo de que el mal es un misterio y con la segunda venida triunfal de Cristo al sonido de las trompetas, para solucionar definitivamente el problema. Tampoco me servía lo del diablo. Yo iba haciendo footing y anotando las ideas. Hasta el cantautor catalán Pere Tapies se hizo eco de esto con una canción que decía "jo vaig fent footing, footing, footing..." (yo voy haciendo footing,...). Y "lacabose" o el no da más de mis investigaciones fue cuando en la publicación del libro de la historia de Tortosa y habiendo ya entregado el original a quien me llevaba todo esto para que lo llevara a la imprenta, después de decir una misa a S. José tuve la idea del último párrafo del epílogo, que le bajé inmediatamente para que lo pusiera. Se trataba de la idea de que Dios creó el mundo material para salvar a los ángeles. Esto fue la piedra que coronó todo mi edificio teológico o su clave secreta explicatoria que apaciguó completamente mi mente.
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