TRINITARIO, EL MANSO CONSTANTE (23-10-2009). Mi tío Trinitario, el padrino, quizá sea mi padre biológico, como semental, porque mi auténtico padre es y será siempre Abelardo, el díscolo de la sagrada familia judía. Trinitario con su constancia, mansedumbre, aversión al trabajo físico, sensatez, gravedad (con él pocas bromas), refractario a los vaivenes y movimientos de la historia, desde el primer momento supo que yo era el hombre y ha seguido mi trayectoria durante toda mi vida agazapado en el Monumento de Arquitectura Militar de primer orden que es Mirambel, de donde sólo salió en larga estancia cuando hizo la mili. Desde ese escondrijo me ha atacado, con el odio de los judíos hacia Cristo, mediante el ejercicio del sexo con la argonauta, la "faenas". Yo cuando subía a Mirambel procuraba esquivarlo o cruzar sólo con él cuatro palabras protocolarias, porque me producía miedo, un respeto que subyugaba mi libertad y me sentía ante él como un jilipollas "pocaropa". Trinitario es holgazán por naturaleza y le gusta tenerlo todo bajo control, siempre desde la discreción y sin ánimo de figurar en ninguna parte. No tiene amigos y porque todavía me considera el chaval bueno y travieso que veraneaba por Mirambel, tiene patente de corso permanente para follarme desde la distancia. Ojalá muera pronto y no descanse en paz. También recuerdo que una vez le pedí un rosario que se había encontrado y me echó una carada recriminatoria. Y otra vez que salía en la prensa Escrivá, me habló despectivamente de él, siendo como es mi figura ideal cristiana.
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