Tortosa, 17 agosto 2009 CONFESIONES EN EL DIVÁN DEL PSIQUIATRA (V). Hasta aquí mi vida sexual. Respecto a mi vida de teólogo, debo decir que en donde apercibí la idea clara y distinta a partir de la cual desarrolé todo mi cuerpo de doctrina, fue también en Morella. Fue así. Abrumado, confuso y avergozado de mí y de mi noble estirpe por aquella traición que había hecho al sacerdocio fundado por Cristo en la trasgresión de la ley del celibato, me vino la sospecha de la que veía pequeños detalles de pruebas en la conducta de los curas de Morella y en el hablar cotidiano de las gentes de este pueblo y que a medida que han pasado los años y mis investigaciones, ha tomado visos de certeza. Y todo comenzó porque el amor que daba a los curas mediante el footing llegaba a mí convertido en apatencia sexual y no podía ser otra cosa más que los curas con el sexo escondido y secreto influían en la psiqué y en el cuerpo de las personas, su rebaño, de cuyo sacerdocio común no se diferencian de grado sino en esencia y por tanto están en una posición radicalmente superior. Entonces ante esta tremenda injusticia cambié de táctica y en lugar de dar amor a toda la humanidad y a los curas, me centré únicamente en impartir justicia sólo a los presbíteros responsables de los pecados de sus ovejas, comenzando por Mestre y Martorell. Luego en Tortosa a partir del 80 y durante más de 20 años el impartir justicia de esta forma deportiva se amplió a todos los curas de la diócesis tirándomelos a todos, aunque alguno me costaba más de una semana. El acto consistía en springs rápidos pensando y centrado en el cura a quien quería desmortar su maléfico tinglado para impedirle sus actos sexuales vertiendo sobre él toda una sarta de insultos, desprecios y toda la fuerza de mi rechazo, y lo hacía porque este era un campo de total vacío legal, tomándome, por así decir, la justicia por mi mano ya que nadie denunciaba los hechos ni había legislación ni tribunales contra lo que más tarde denominé el Olimpo de los dioses. Es cierto que el derecho canónico tiene sanciones contra los desórdenes sexuales del clero, pero esto era un pecado muy superior ya que tenían sistemas para ocultar sus actos sexuales y medidas represivas para los que lo denunciaran. Cuando permiten que se sepa un desorden sexual de un cura es porque quieren que se sepa, para obtener algún beneficio de ello.
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