miércoles, 4 de noviembre de 2009

CONFESIONES

Tortosa, 12 agosto 2009 CONFESIONES EN EL DIVÁN DEL PSIQUIATRA (I). Este psicoanálisis lo haría ante un psicólogo o psiquiatra del linaje humano, honrado, creyente coherente con la verdadera Fe, que hubiera leído mis libros, con más de 80 años de edad, de competencia contrastada a nivel internacional en su dilatada carrera, que hubiera recibido más palos que una estera tanto de parte de Franco como del Borbón y que estuviera abierto a escucharme y comprenderme no para saber por dónde atacarme sino para ayudarme, y que al final de cada sesión fuéramos al bar de la esquina a tomar unos buenos vasos de vino y hablar de mi proyecto y poder aconsejarle cómo encauzar su profesión en este sentido para arreglar definitivamente mi psiqué y el mundo, sobre la base de las palabras de Cristo cuando dijo que "si tuvierais Fe haríais las cosas que yo hago y aún mayores". Como psiquiatra de raza que sería comenzaría preguntándome sobre mi vida sexual. Comencemos.Yo recibí la educación sexual en la niñez-pubertad por parte de mi padre que ha sido la única persona de mi amplia familia que me ha querido de verdad. Y esta fue su única clase que me dio y su metodología. Un día de verano me encontraba por la tarde ante el televisor entonces en blanco y negro y aparecieron en ella un negro y una negra vestidos ligera y sensualmente a la europea, bailando de forma voluptuosa en baile suelto y uno frente al otro. Al poco rato entra mi padre y al ver que estaba mirando aquello, sin mediar palabra y sin darme ninguna explicación apagó inmediatamente el televisor y no me pegó una ostia porque Dios no quiso. Comprendí, acepté y asimilé inmediatamente la lección de educación sexual que me ha servido para toda la vida y con la perspectiva del tiempo veo que acertó humana, política y cristianamente plenamente en aquella lección de la que no tuve más necesidad de que me la repitiera para aclarar alguna cosa. Estaba claro, tanto que posteriormente mi madre, que después de muerta me enteré de que era una argonauta, me llevó expresamente al cine Coliseum de Tortosa para que viera una película de la Biblia en que salía Eva con la hoja de parra en la "chona" y con su cabellera tapándose las tetas, pero yo ya llevaba la lección aprendida de casa y aquella escena más bien me produjo asco.


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