viernes, 27 de noviembre de 2009

CONFESIÓN: HACE CINCO AÑOS QUE NO DIGO MISA

Los dioses con su malicia infinita han llegado a corromper la sagrada eucaristía. Ya el Papa Pablo VI, después del Concilio, profetizó, no por iniciativa personal sino por el cargo que ocupaba, que el humo de satanás había penetrado en la Iglesia. Dejé de decir misa privada en casa, mi último reducto, porque al comulgar notaba dolor de estómago, nerviosismo y malestar general. Además hay que tener en cuanta que Cristo en la eucaristía viene a nosotros acompañado de multitud de ángeles, los cuales desde que publiqué por vez primera el Proyecto Génesis AMDG en 1981, me declararon abiertamente la guerra, por lo que pido cada día a S. José que cese la influencia de los ángeles sobre nosotros. Quizá también desde esa fecha, el Papa de Roma de turno me excomulgó en secreto. Aparte de todo esto, no quiero compartir el cuerpo de Cristo con la multitud de vacas sedentes que después de decir misa y comulgar, se pegan un polvo con la beata más despampanante de la parroquia, o con el alcalde del pueblo, o con el capitán de la guardia civil, o con el morito inmigrante que ha venido a estas tierras a defender a Alá como en su día defendieron a Franco, y con ese polvo, repartir ostias (dudas de fe, enfermedades, destrucción y muerte) sobre todo el personal, como quien reparte la suerte de la lotería. Mi madre una vez me preguntó por qué había dejado la misa y no le respondí nada. Por último diré que después del Concilio, los que van a misa son mayoritariamente rojos y gente de mal vivir, y van como quien va a un festival a ver el numerito que el cura les ha preparado para aquella semana. Y van a comulgar como quien va a comerse una croqueta en la merendola de la fiesta.

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