miércoles, 4 de noviembre de 2009

TORTOSA DEMOCRÁTICA (y III)

Tortosa, 11 agosto 2009 TORTOSA DEMOCRÁTICA (y III). Y por último voy a explicar por qué los íberos huyen de mi proyecto democrático como los diablos huyen de S. José. Resulta que en estas tierras después de cepillarse democráticamente al 60% de sus 500 curas, cuyos nombres están inscritos en una enorme lápida en la sacristía de la catedral, ese 60% en su mayoría eran curas no dioses y a partir de entonces el olimpo se puso manos a la obra para evitar que los humanos llegaran al sacerdocio tanto más cuando pudieran ser sacerdotes ejemplares y de recta conciencia que les pudieran crear problemas. Así el olimpo ha llegado a copar todas las instituciones y plazas eclesiásticas en la Iglesia hasta convertirse hoy en día en la gran Babilonia bíblica para que Iberia llegue a extender su poder en todo el globo terráqueo. Por esto hoy en día ya no se mata a los curas porque éstos se muestran complacientes con el egoísmo y malvados intereses de las gentes. Se trata de la subversión total de la Iglesia fundada por Cristo. Ante esto aquí en Tortosa y sus comarcas los íberos van de sobrados y se permiten blasfemar públicamente, atacar y reírse de la doctrina de siempre de la Iglesia, sobre todo en lo referente a la virtud de la castidad, que haya pecadores públicos que son envidiados y respetados por el resto de la gente, pero eso sí, a sus curas que no los toque nadie, como a las vacas sagradas en la India, excepto a un cura pelacañas como yo, que soy tratado por los íberos como un elemento decorativo y simpático, que vivo como un paria o un perro, ante la total indiferencia e incluso desprecio de la gente, que a la más mínima soy detenido por los mossos como un delincuente peligroso y loco de atar, y al que algún viejo comunista a llegado a amenazar de muerte porque le dije a una niña que Dios sí existía. Ésta es la Tortosa democrática, sede y origen de la democracia. Concluyendo, aquí cada uno va a lo suyo y cada loco con su tema, pero existe una invisible coordinación para atacarme a mí. "Aquí té la foto-satélite" y "aquí te la foto, satélite", al satélite enemigo.


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