Los antiguos griegos denominaron a Tortosa y su territorio la Gaya, en latín Gea, que significa la Tierra, queriendo dar a entender que desde aquí se gobernaba todo el globo terráqueo con sus volcanes, terremotos, sunamis, huracanes, tormentas tropicales e incluso el tema de actualidad como es el cambio climático con el progresivo deshielo de los polos. Hay una calle en Roquetas, tocando a Tortosa, que se denomina "carrer la Gaia" y aquí hay gente que lleva dicho apellido. A principios del siglo pasado hubo unos osados y pioneros jesuitas del linaje humano, listos y que profesaban la verdadera Fe, que apoyados por el hombre de la época, el italiano Giussepe Sarto, que saltándose todas las barreras y controles impuestos por el olimpo en el territorio, fundaron en Roquetas, que también está en el rollo olímpico, al igual que toda Ilercavonia, digo que fundaron el primer observatorio meteorológico de toda España y uno de los pioneros en todo el mundo. Aquí construyeron un telescopio para observar el sol. Hay que tener en cuenta que muchas tribus salvajes de África adoran al Sol como Dios, adorando así lo que en cartas anteriores he denominado Alá que vive solazadamente en Tortosa. Y también instalaron un sismógrafo que registra todos los terremotos del mundo, porque aquí, centro de la Tierra, tienen su origen a causa de las orgías de dioses, argonautas, caciques y secuaces humanos. Respecto a esto diré que hay un dicho que dice que "no es lo mismo movimientos sísmicos que seis micos en movimiento". Después de 55 años arrastrándome por esta ciudad, que ha sido para mí el mismo infierno, puedo corregir el dicho diciendo que "es lo mismo movimientos sísmicos que seis micos en movimiento". NOTA: En la anterior carta sobre S. José me dejé que además de que le obligaron a que su hijo putativo naciera en una cueva de animales, vinieron tres o más gilipollas de Ilercavonia, disfrazados de reyes o de magos a pitorrearse del Niño recién nacido.
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