miércoles, 4 de noviembre de 2009

ANIVERSARIO ORDENACIÓN


Tortosa, 2 septiembre 2009 EN EL ANIVERSARIO DE MI ORDENACIÓN. Hoy, 2 de septiembre, se cumplen 31 años de mi ordenación sacerdotal en la catedral de Tortosa, que coincidió entonces con el sábado de las fiestas de la Cinta. Recuerdo que unos meses antes, iba visitando la catedral con el cura numerario del Opus, que todas las semanas venía de Tarragona a darnos el círculo de formación, y que al pasar por delante del altar mayor le dije: "Mira, aquí me ordené de diácono". Enrique Cases, que así se llamaba, un "charnego" afincado en Cataluña y que de joven había ganado algún campeonato de Cataluña de natación, me respondió medio airado: "¡Pues a ver si también te ordenas de presbítero!". Aquello a mí me sonó a un ¡a ver si tienes huevos y puedes ordenarte de presbítero! como si se estuviera trabajando en las altas esferas olímpicas para que no se produjera esta ordenación. El hecho es que yo estaba muy desanimado para ordenarme viendo el triste y desolador panorama eclesial, pero también me espoleaba el Señor con el "quien pone la mano en el arado y vuelve la vista atrás, no puede ser discípulo mío" o con el "¿también vosotros queréis marcharos?" En fin, que mi decisión, aunque tomada en otras circunstancias más favorables, estaba tomada desde hacía muchos años y era irreversible y aunque pensaba que ordenándome me metería en una jaula de lobos, también pensaba con S. Pablo: "Sé de Quién me he fiado". Así las cosas, aquel acto me pareció un entierro, agravado con que el que se ordenaba conmigo era un advenedizo, enchufado de las autoridades, que no había soportado como nosotros el peso del trabajo y del calor desde los 11 años, y no sentí la más mínima emoción, más bien con ganas de que terminara aquel bochornoso espectáculo. Entonces me acordé que mi padre también lo debió pasar muy mal el día de su jura de bandera, porque me dijo una vez que no recordaba ni el más mínimo detalle de aquel día. Pero, con todo y esto es lo más importante, después de ordenarme noté que mi oración era más poderosa y eficaz.


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