Esta frase del Papa Pablo VI, que no dijo por iniciativa personal sino por el cargo que ocupaba ya que era un dios, traidor y antipapa, que consiguió encaramarse en la cátedra de Pedro, sigue en plena actualidad, convirtiéndose en una frase que ha entrado en el mundo de lo clásico y lo perenne, en la actual época postmoderna, irracional y vanal. De ahí que sólo hoy en día digamos cosas sensatas, que por cierto sólo podemos expresar en radio Pirenaica como en plena dictadura franquista, los que hemos conservado la verdadera Fe. Hoy en día, sobre todo en los medios, priman lo irracional, lo que halaga los instintos animales, las vanalidades, la ostentación del lujo y del lucro, lo chavacano, la mentira, la manipulación, el exhibicionismo de la clase política, en definitiva el chanchullo confusionista. Claro, si el Borbón carda ¿qué no harán los demás? Aquí prima la imposición del sistema, eso sí, siempre democrático para que así no pueda pedírsele responsabilidades a nadie, en lugar de las decisiones tomadas con sensatez, objetividad, tras paciente investigación de todos los datos, lógica, en definitiva las cualidades que deben tener las decisiones tomadas por una razón de un alma inmortal, creada y redimida por Dios, e iluminada por la verdadera Fe.
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