Los viejos o jubilados de las Terres de l'Ebre, que son los que conozco, han llegado a esta lonjeva edad a base de dar culto a Alá, acudiendo sumisamente a su culto en las mezquitas y clavando clavos en los sagrarios católicos. Mayoritariamente dependen de la pensión de Zapatero ya que en su vida han tenido la más mínima iniciativa, limitándose a estar bajo la protección de Alá. Ahora se aferran a la vida, gorreando y aprovechándose y además con exigencias del duro y paciente trabajo de los investigadores en medicina, mayoritariamente extranjeros, ya que Franco decía que inventen ellos. Personalmente tengo muy mala experiencia de los ancianos de la zona. Por ejemplo, una vez un guardia civil retirado, a los que les gusta jubilarse en Tortosa, todavía van por las calles considerándose los vigilantes de la playa y algunos frecuentan el bar del chino para ver qué pueden captar. Pues digo que ese guardia civil una vez sabiendo que yo era sacerdote me contó un chiste obsceno y de muy mal gusto sobre la sagrada eucaristía, sabiendo que eso me tocaría los cojones. En otra ocasión hice carteles de publicidad para la venta de mis libros en el día de S. Jordi y los coloqué por locales de Ferrerías y el que puse en el hogar de los jubilados con permiso del conserje, a la media hora ya no estaba, ya que algún viejo hijo de puta o el mismo presidente lo arrancó. Y ahora muchos viejos comienzan a abrigar la esperanza de que eliminando al hombre actual, podrán conseguir la inmortalidad.
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