miércoles, 30 de diciembre de 2009

LOS CHULOS ME REBOTAN

Existe la chulería buena y necesaria de los que vivimos la filiación divina, que nos consiguió Cristo con su muerte y resurrección. Pero existe la chulería mala, fruto de la soberbia como autoafirmación egoísta frente al Creador, al que se atreven incluso a plantarle cara. Al respecto está la chulería abierta, descarada y permanente del tipo indígena del Maestrazgo (País Vasco), que con 6.000 años de historia a sus espaldas, cuando te enfrentas con él, te da la impresión que se cree que sabe mucho más que tú, como si ya estuviera de vuelta de todo lo que le puedas decir, por muy novedoso que sea, y aún antes de que hayas abierto la boca. Es el tipo capaz de la mayor de las fanfarronadas aunque se haya quedado sin calzoncillos y sin vacas en el establo. El tipo ilercavón (Navarra) tiene el mismo nivel de chulería que el del Maestrazgo, pero suele ser más prudente y comedido en sus manifestaciones externas, por influencia del pueblo catalán, que ha recibido más palos que una estera a lo largo de toda su historia. El chulo ilercavón es del tipo caracol, ya que pasa la mayor parte de su tiempo encerrado en su cascarón con trabajo y estudio constantes y pacientes para buscar estrategias con que joder al personal, y sólo saca a lucir su cornamenta en contadas y puntuales ocasiones. No en vano los dominicos en la edad media construyeron aquí en Tortosa un colegio en cuyo frontispicio todavía puede leerse "Domus sapientiae" (Casa de la sabiduría). Y Escrivá eligió Navarra para fundar su Universidad del Opus.

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