lunes, 21 de diciembre de 2009

CONTINÚA EL ESPECTÁCULO CLERICAL VASCO


Desde hace tiempo se está oscureciendo el hiperuranio de las ideas e ilusiones liberacionistas, materialistas y etarras del clero vasco, y que surgieron con toda su pujanza a principios de los 60 en toda la iglesia oficial con ocasión del Concilio Vaticano II. Pero quedó un resto representado por el Opus Dei y algunos obispos y clérigos de la iglesia oficial, todos los cuales utilizan caminos diferentes a los conciliares, pero para conseguir los mismos objetivos, como son el sometimiento del hombre y de la humanidad, apartándolos del verdadero Dios, y en último término buscando la eliminación física del género humano. Fueron Álvaro del Portillo en el Opus y Juan Pablo II en la iglesia oficial, los que encabezaron la marcha de los extraterrestres contra el hombre, al contrario que llamo terrestres a los conciliares. Por ello ahora ha sido nombrado obispo de Vizcaya un extraterrestre para iniciar la renovación del clero vasco, ya que se les está agotando el filón de ETA, y muy influyente dicho clero desde siempre en la sociedad vasca, la cual siempre ha sido amante de los negocios, de la familia, del buen comer y beber y de lucir la chapela como símbolo de su orgullo étnico. Lo siento pero éste no es el Reino de Dios que nos consiguió Cristo con su muerte y resurrección, aunque hubiera un cura en cada familia vasca y todos ellos fueran antietarras. Por ello yo siempre me he mantenido al margen tanto de los terrestres como de los extraterrestres, optando desde que me ordenaron por los nobles y por la originalidad, aunque procedo del Maestrazgo cuya idiosincrasia étnica es muy parecida a la vasca. Por eso, a pesar de haber sido muy tentado por el modus vivendi vasco, siempre he preferido ir por la discreta vía del esfuerzo, el estudio y la oración, con total abnegación y como si fuera un viejo sillar escondido bajo tierra. Todo esto, como he dicho, me ha llevado a la originalidal, palabra que para el arquitecto catalán Antonio Gaudí significaba volver a los orígenes, es decir, el parar la desenfrenada carrera de los olímpicos, para que luego ellos libremente acepten la salvación de Cristo, y consigamos al fin que descansen de una vez ellos y como consecuencia también nosotros.


No hay comentarios:

Publicar un comentario