Ya los griegos solían denominar a Iberia como tierra de conejos, en el significado erótico de la palabreja, y a la Iberia originaria y su territorio, es decir, a Ilercavonia, la llamaban Sicania, del griego "sicos" (higo), tierra de higos, teniendo en cuenta que aquí todavía hoy popularmente para nombrar el órgano genital femenino se emplea la palabra "figa" (higo). Y para continuar esta milenaria tradición en esta última etapa de la historia, el Concilio Vaticano II diseñó la estructura de la cloaca máxima, que quedó magistralmente expresada y proclamada a los cuatro vientos por el antipapa Pablo VI con el título de LA CIVILIZACIÓN DEL AMOR. Propiamente se trata de un sucedáneo del verdadero amor o de la cáritas cristiana, y que en el fondo por la corrupción semántica de las palabras se trata del más puro y duro egoísmo, como es el disfrute de los placeres sexuales, en los que desde siempre los cerdos ibéricos han basado su economía y su dieta de alimentación y de acopio de energías, y por lo que son capaces de matar, robar, mentir y hasta incluso dar la vida. Tengo almacenados en mi cabeza multitud de casos de esta índole que he ido recopilando durante mi arrastrado peregrinaje por este país, pero sólo daré dos. El primero es el del serial televisivo de Marta del Castillo, que para mí está viva, y en el que está implicado un cardenal español de la iglesia oficial. Y el segundo es el caso de muchos cónyujes que al no cumplir en la cama son llevados por su pareja al psiquiatra para que los atonte con fármacos para que cumplan como es debido. Y el psiquiatra suele mirar hacia otro lado y ponerse de parte del cónyuje dominante. Por todo ello sólo pido un poco de paciencia sin bajar la guardia y la colaboración de los que aún les quede un poco de vergüenza y amor propio ya que es laborioso el trabajo de ir cerrando todos los grifos. Además a los íberos no cerdos las putadas que les hacen les llegan hasta el fondo de sus entrañas y suelen perder los estribos y los papeles. Por ello pido que no perdamos la calma, la verdadera Fe, la oración y el trabajo responsable, profesional y bien hecho. En esta riada de más de 50 años al menos hemos podido salvar los muebles y más se perdió en la guerra de Cuba. No somos triunfalistas pero triunfamos, y si seguimos así hombro con hombro, llegaremos a la victoria final.
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