jueves, 3 de diciembre de 2009

NOBLEZA BATURRA

Aparte de que soy la "roca", reconozco, por mis genes maños, que humanamente soy más terco que una mula. Por ello mi forma de ser suele ser la de aquel baturro que subido sobre un burro iba alegremente circulando por en medio de la vía del ferrocarril y que al oír el silvido del tren sólo se le ocurrió decir: "Chifla, chifla, que como no te apartes tú". Además en esto aplicado a la vida cristiana siempre he seguido los consejos de Escrivá que aconsejaba que en la vida cristiana había que ser tozudos y constantes. También decía: "enamórate de Cristo y no lo dejarás nunca". Por ello aunque las pollas olímpicas ataquen nuestra Fe, siempre nos quedará la referencia de que un día lo ví y que cuando se levante el temporal olímpico lo volveré a ver. De ahí que para un cristiano sean tan importantes las virtudes humanas, que nos hacen invencibles ante los cantos de sirena, los halagos, alucinaciones y tentaciones del enemigo. Por ello siempre han enseñado los teólogos que en el acto de Fe intervienen tres factores, como son la gracia de Dios, la voluntad y la inteligencia, ya que los peces se cogen por la cabeza. Aquí radica la Fe y no en el sentimiento, que siempre es presa fácil de las veleidades de las tentaciones. Y si nunca lo has "visto" te queda la Fe "ex auditu" (por referencias) por la que crees porque te fías de ese tipo que te lo ha dicho. De esa Fe nos hablaba S. Pablo y por la que se dejó cepillar por el tirano antes que hacerle la coba.


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