lunes, 21 de diciembre de 2009

HAMBRE DE PAN Y DE CATECISMO

Los miembros fundadores de la FAO afinaron bastante al instalar su sede en Roma, pero hubieran dado en la diana si la hubieran colocado en Tortosa, origen y madre de la Ciudad Eterna, y sobre todo porque en Tortosa residen y se alimentan las raíces de las plagas del hambre sobre el planeta, como aquella de siete años que predijo José, el hijo de Jacob, al faraón de Egipto llamándola la plaga de las "siete vacas flacas". También en Tortosa viven los prestigitadores del cambio climático que, jugando, manipulando y dominando la meteorología y demás fenómenos naturales, siguiendo la senda apocalíptica como en sus mejores buenos tiempos cuando dividieron la compacta y unida corteza terrestre en continentes, montañas y ríos. Así podemos decir que tanto la hambruna como el cambio climático son los señuelos más importantes utilizados en la actualidad por los dioses para apartar al linaje humano del verdadero Dios y atraérselo hacia ellos con la simple argumentación al alcance de cualquier cabeza y bolsillo, que dice así: "Si Dios existe, ¿por qué permite que mueran de hambre tantos inocentes? Si Dios existiera, no lo permitiría. Luego Dios no existe". Y emplean el mismo argumento con lo del cambio climático, erigiendo a los políticos en oráculos sagrados y mesiánicos de los dioses, haciendo depender el planeta y sus habitantes de sus acuerdos políticos y medidas económicas, ocultando la verdad de perogrullo de que el mundo depende de su Creador y de su Proviedencia. Y que el cortar las raíces de los males que afligen desde el Olimpo al planeta y a la humanidad depende de la voluntad libre e iluminada por la razón de los humanos, mucho más hoy en día en que poseemos tantos avances científicos y tecnológicos. Ya que Dios Uno y Trino no es el que produce el mal ya que "Él no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva".


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