En esta fiesta de la Natividad del Señor me viene a la memoria que Escrivá no se cansó de repetir que "la vida no es un juego". Y precisamente en esta época postmoderna, llamada también la del "homo ludicus" (el hombre jugador) parece como si todo nos invitara a tomarnos, hasta las cosas más serias, como si fueran un juego. Así por ejemplo se habla del juego de pareja, del juego del amor, del juego democrático, de jugar en bolsa y hasta hay algunos que se toman la muerte como un juego más. Pues bien, hay que tener en cuenta que en todos los juegos a veces se gana y a veces se pierde y que más de uno ha tenido que salir del casino cubierto con un barril porque ha perdido hasta los calzoncillos. Pues si quieres salir de este macabro juego y quieres enfrentarte al azar, al destino y al fatalismo cogiéndolos por los cuernos, te invito a centrarte en estas tres realidades: la verdad, la libertad y la justicia, teniendo en cuenta que la verdad no es un monopolio de la ciencia experimental, que la libertad no es un monopolio de la Revolución francesa y que la justicia no es un monopolio de CCOO ni del partido comunista. Estas tres realidades tienen un origen bíblico-cristiano, porque detrás de ellas está Dios Uno y Trino, fuente de toda verdad, de toda libertad y de la justicia plena. Y todo lo demás son monsergas.
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