Al respecto quiero dejar claro que desde que los dioses tortosinos le robaron la cartera al apóstol Santiago siempre ha estado el enemigo inflitrado en las filas de la iglesia, al igual que lo hicieron en el Barça desde que lo fundó Joan Gamper y cuyos más destacados exponentes en la actualidad son su presidente Laporta y su entrenador Guardiola. Pero gracias a la divina Proviencia en la iglesia nunca se ha hablado de odio, sino de "desfacer entuertos", de condenar a los herejes, de aplicación de penas canónicas como la excomunión a los contumaces, de cruzadas en defensa de sus legítimos intereses contra los sembradores del odio. Y lo de la Inquisión hay que aclarar que ha sido magnificada y exagerada por los enemigos de siempre de la iglesia como los cerdos judíos, los ateos y los masones para desprestigiarla, teniendo en cuenta que dicha institución surgió por iniciativa de las autoridades civiles para mantener el orden social, recabando el asesoramiento doctrinal y jurídico de la iglesia, aunque también hubo algunos eclesiásticos que se sobrepasaron en sus funciones como es el caso de Torquemada. No obstante también hay que proclamar bien alto que en estos últimos tiempos el dominio olímpico de la iglesia es cuasi absoluto, sobre todo a partir del Concilio, llegando a convertirse la iglesia en una empresa multinacional de sexo y violencia, con los movimientos de "cristianos por el socialismo" "comunidades de base" y con la teología marxista de la liberación, limitándose las funciones de los últimos antipapas, que todavía se calan la "paperina" en la cabeza sin caérseles la cara vergüenza, a la de ser unos pirómanos bomberos. Motivos éstos, entre otros muchos, que me llevaron a dar el golpe de estado en el Vaticano autoproclamándome Papa. De tal forma que la bandera de la auténtica iglesia fundada por Cristo está bajo mi dominio y absoluta y pacífica posesión.
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