jueves, 10 de diciembre de 2009

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Escrivá, cuando se construyó el santuario de Torreciudad en Barbastro (Huesca), su pueblo natal, pagó de su bolsillo el Cristo que hay en la capilla del sagrario del santuario. Al escultor, que creo que era italiano, después de hacer dos copias, esa y otra que está en Roma, se le ordenó que rompiera el molde. Escrivá al verlo exclamó que "te pareces a tu madre", refiriéndose a la imagen de la Virgen sosteniendo al Niño sobre una pila de libros, que hizo colocar en su día en el campus de la Universidad de Navarra y que fue obra del mismo escultor que el Cristo. Y lo que quiero decir es que ese Cristo, por expreso deseo de Escrivá está sin morir, con aspecto majestuoso y esgrimiendo una leve y serena sonrisa como si estuviera haciendo la burla a Alá y a la Torá. Yo esto ya lo escribí hace años no sé a quién, quizá al Borbón. Y una vez que me encontraba rezando en dicha capilla, entró el rector con un grupo de visitantes, y como en las altas esferas las noticias corren que vuelan debería estar enterado de mi carta, ya que al verme allí, remarcó varias veces a los acompañantes que el Cristo estaba vivo antes de morir, por una parte para tocarme los huevos y por otra, porque era un supersticioso y no soportaba la realidad de la imagen y su mensaje.


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