Los tres ejemplos que voy a poner, uno sobre mi vida humana, otro sobre mi vida cristiana y otro sobre mi vida sacerdotal, son sólo la punta del iceberg de todo el cúmulo de persecuciones a que me he visto sometido durante 55 años en estas tres facetas de mi vida por la gentes de estas tierras. Respecto a mi vida humana sólo diré que mi madre adornaba con caramelos mi ramo para la procesión del domingo de Ramos, y esos caramenlos eran objetivo prioritario por parte de los depredadores jesusenses que al quitármelos impunemente me producían un inenarrable cabreo. Respecto a mi vida cristiana, cuyos rudimentos recibí de mi maestra de párvulos, la Madre Ángeles, religiosa de la Consolación, debo reconocer que tuve que espabilarme por mi cuenta para profundizar en la Fe y defenderla como a mi tesoro más preciado, de la multitud de lobos disfrazados de ovejas que pululan por estas tierras, teniendo que recorrer esa aventura de la Fe sin ningún acompañante indígena, es decir, solo y a puro pulmón. Y por último diré que en estos más de 20 años trabajando en la multinacional eclesiástica, he sufrido un continuo "mobing", sin ningún motivo razonable, ya desde el día después de ordenarme en que fui a Palacio a pedir al obispo Carles las licencias ministeriales y no quiso entrevistarse conmigo.
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