Para mí todos los políticos del arco parlmentario central y autonómicos, sean del partido que sean, son comunistas, ateos, meapilas, lameculos de la iglesia oficial o del lobby político del Opus Dei. Es un fenómeno, digno del estudio de los más sesudos sociólogos, el que en relativamente pocos años y con el consentimiento del resto del pueblo, con fama de sensatez y prudencia, que yo más bien calificaría como masoquismo y amariconamiento generalizado, el que hayamos pasado de jalear a Franco bajo palio, a estar en las puertas de legalizar el matrimonio entre personas y animales, denominado técnicamente como bestialismo. De enseñar en las escuelas la formación del espíritu nacional, autoconsiderarse Iberia como la reserva espiritual de Europa, a enseñar en las escuelas a cómo masturbarse. Yo a los que les quede algo de vergüenza o de amor propio aconsejaría no asistir más a ninguna convocatoria electoral. Este país por culpa de los altos manipuladores de siempre, apoyados por el gran capital y por las fuerzas de seguridad del estado, estamos enmerdados en medio de una tupida red de leyes, más de las que contiene la Torá judía, que coartan nuestra verdadera libertad y amenazados por las pistolas o por el atontamiento psiquiátrico, de todo lo cual el máximo responsable es el extranjero Borbón, que aparece ante la opinión pública como un inocente y desvalido gangoso, que hace lo que puede en beneficio del pueblo.
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