lunes, 7 de diciembre de 2009

MI HERMANA, LA MARQUESA DE LA ROCA

Ya en los albores de esta historia, siendo niños, recuerdo que una vecina de la calle de Jesús en que vivíamos dijo a mi madre: "Mira, uno cura y la otra bailarina". Mi madre, la Abadesa de las Huelgas, me decía de ella que tenía muy buen corazón. Por lo que deducí que ella era la toma de contacto de la que se sirve la sacrosanta ciudad para mantener siempre encendida la "flama del Canigó". De hecho la puta de Albiol, al que una vez le hice una pintada cerca de su casa que decía "Mossèn Albiol es una puta" y qua a la mañana siguiente era borrada religiosamente por un viejo cabrón, cuando murió mi madre me aconsejó que fuera a vivir con mi hermana. De ahí que su principal arma respecto a mí sea la afectividad, de la que se aprovecha el cuñadísimo, el delegado del dictador borbón, para dirigir las operaciones de tortura y sometimiento respecto a mí. A pesar de que he dicho repetidas veces a mi hermana que me deje en paz, ya que está apoyada por la alta política de la mafia de sus amigotes y amigachas de Jesús en esta misión, y aún insistiéndole que no quiero saber nada de la familia, ella no tira la toalla, continuando preocupándose por cuatro tonterías de mi vida animal (en la última entrevista me trajo unas tijeras para cortarme las uñas de los pies para mi próxima operación del día 15). Y el madero franquista, que por cierto no se ateve a hablar conmigo desde que me internó en el psiquiátrico por orden del dictador Borbón, siempre está agazapado detrás para ver qué material de ignición ha podido conseguir mi hermana en cada encuentro conmigo.


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