jueves, 7 de enero de 2010

LA PEDERASTIA FAMILIAR

En este país desde la oscuridad de los tiempos hay corrido un tupido velo, como el secreto de estado mejor guardado gobierne quien gobierne, sobre la pederastia que los íberos de raza ejercen sobre sus hijos e hijas. Siempre han considerado los padres, siguiendo esta tradición ancestral, que de esta forma los hijos sabrán enfrentarse mejor, y sin necesidad de estudiar, a los problemas de la vida y estarán más espabilados e incluso más sanos, como si de una vacuna se tratase, que si los introducen en la práctica de la verdadera Fe y piedad cristianas, cosas que según ellos les pueden volver subnormales a los ojos de los demás y ser víctimas de todo tipo de enfermedades. E incluso hay muchos, que creyéndose más espabilados, ofrecen sus hijos al cura del pueblo para que se lo pase por la piedra, a cambio de que el cura les solucione económicamente la vida con dinero que por conductos, todavía no aclarados por la investigación científica, le llegan al cura provenientes del herario público. En el caso de que el hijo les haya salido rana y denuncie ante los padres el intento fallido del cura, los padres suelen echarle la culpa al propio hijo, amenazándolo de que nunca diga eso a nadie, no sea que se vean involucrados en un lío descomunal. Esta pederastia familiar quizá es la causa del endémico retraso científico y cultural de Iberia, también de su desierto de creyentes auténticos y abiertos al mensaje cristiano, que no sea para aprovecharse de él en beneficio propio y egoísta. De esta cerrada mentalidad ya se quejó en su día el primer evangelizador de Iberia, el apóstol Santiago. Y por último, es la causa de su respeto supersticioso y servil hacia las vacas sagradas, dejándoles siempre hacer lo que les dé la gana y plegándose sumisamente a sus caprichos y veleidades aunque les pidan el mayor de sus sacrificios. Ésta es la auténtica Iberia cañí de siempre, por mucho maquillaje democrático con que se haya empolvado la cara en la actualidad.

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