domingo, 24 de enero de 2010

EL TERREMOTO DE HAITÍ

Poco después de que, harto del sometimiento tanto físico, como moral, como psicológico y siempre contrario a la verdadera Fe, a que me he visto sometido durante toda mi vida por el capo Ripollés y mi familia con sus maniobras orquestales en la oscuridad, propiné a Ripollés una contundente paliza psicológica, digo que horas después fue cuando, no sólo no aceptó el capo mi justa reprimenda, sino que haciendo acopio de su inagotable chulería y odio vascos, ocasionó el terremoto de Haití, uno de los países más pobres del mundo y de influencia francesa. Por tanto, yo si usé en cierto modo la fuerza no fue por violencia gratuita sino para defenderme de una permanente agresión que me persigue desde el seno materno, impartiendo justicia por mi cuenta, dado de que nadie quiere hacerse cargo del asunto. Queda así demostrado que los únicos responsables del terremoto son el capo Ripollés, la tronca o tronco con el que se echó el polvo, la ciudad, Tortosa, y su iglesia oficial que lo acogen, protejen y cobijan, y la comunidad nacional e internacional, cuyas políticas están basadas en la defensa de las mal llamadas libertades de sus bestias protectoras, como es el caso de este capo. Tampoco los medios han estado a la altura de las circunstancias, al haber despreciado, por temor servil a los dioses, todo mi extenso bagaje de investigación científica sobre estos fenómenos, aprovechándose incluso algún medio masón como EL PERIÓDICO DE CATALUÑA, para arrimar el ascua a su sardina con motivo de la desgracia, cargándole la culpa del desastre al mismo Dios, su tradicional enemigo.

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