Una vez hace unos años el arrabal de Jesús, mi pueblo natal, participó en un concurso popular de TV3 y la presentadora se apercibió al momento en dónde se encontraba puesto que dijo a uno de los entrevistados del pueblo que aquello parecía una república bananera. La gente de Jesús es la gente más zalamera, hipócrita, creída, sabihonda y traidora que jamás he conocido. De hecho hace unos años me enteré de un mote que tienen y que siempre me habían ocultado, como es el de "set servells" (siete cerebros). Casi siempre se dirigen a uno a buenas y amigablemente para sonsacarle su punto débil por dónde atacarle. Pero también tienen muy mal genio, incluso furibundo, si les cantas las verdades. Mi madre y mi hermana fueron más aceptadas en el pueblo que mi padre y yo. Así por ejemplo a mi padre una vez un anciano montado en su bici y a toda velocidad le gritó públicamente "¡lladre!" (ladrón) y en otra ocasión el chófer del autocar que nos llevó de excursión a Andorra, un principal de Jesús, les dijo a mis superiores del seminario como medio en broma y en serio que toleraban y dejaban vivir a mi padre en su pueblo. Mi madre quiso antes de morir que le hicieran el entierro en Jesús, en dónde decía que guardaba los mejores recuerdos y amistades, suponiendo que no lo diría porque allí murió mi padre. Yo cuando marché de Jesús no sentí ninguna añoranza, más bien me sacudí hasta el polvo de mis zapatos, como dice Cristo en el Evangelio, puesto que no quise ni celebrar mi primera misa en su iglesia parroquial. Y si he vuelto últimamente presionado por mi hermana para reencontrarme con mi panda de amigotes de infancia, he pasado un mal rato, por lo que no pienso volver.
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