martes, 12 de enero de 2010

LA OBRA, OPUS DEI ET OPUS DIABOLI

En el acto de fundación del Opus Dei, un 2 de octubre de 1928, festividad de los ángeles custodios, intervino el Dios verdadero y su corte angélica, tolerada por Dios en su presencia celestial, aunque es enemiga declarada de Dios. Así es sintomático que Escrivá cuando nombraba ese hecho siempre decía que sucedió cuando repicaban las campanas de la vecina iglesia de Ntra. Sra. de los Ángeles. La campana con su badajo siempre ha simbolizado, entre los meapilas de siempre, el ejercicio del sexo de los ángeles encarnados y ordenados, a los que yo denomino dioses. De ahí que así como el Islam es de inspiración angélica, lo es también en parte el Opus Dei. Yo comencé a sospechar que en Opus había "marro", inducido por los ángeles como en el Islam, cuando una vez preguntando a un payés por la Casa del Opus "La Lloma" en Valencia, éste esgrimió una pícara sonrisa, propia del putero cuando nombra una de esas casas de lucecitas, diciéndonos: ¡Ah, eso del Opus! Por otra parte me sorprendió la ligereza con que los curas del Opus hablaban de los órganos sexuales, como la expresión de "la picha al pecho" cuando se subían la sotana al subir las escaleras. O cuando traducían la frase en latín de "S. Nicolás, ten cura de la casa" con un "S. Nicolás, haznos curas de casa", como de una casa de putas. O cuando uno de los primeros ordenados del Opus, José Orlandis, dijo a un compañero en mi presencia que "¡estás muy bueno!". O cuando me hospedé en un piso de curas en Pamplona, una joven y guapa camarera, con cara de ser explotada como si se la follaran todos los curas residentes, vino a nuestra mesa en el comedor y nos dijo "¿se van a servir más?" Y mi sospecha fue corroborada por la respuesta de uno de los curas comensales cuando con aire desplicente y socarrón respondió: "¡No, no!". O cuando estando una vez en el centro de Tarragona, el cura como queriéndome hacer entrar en esa su dinámica me insitía repetidamente que la misa es "centro y raíz", haciéndome con las manos un gesto que para mí siempre había sido obsceno.

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