martes, 26 de enero de 2010
ALTA TRAICIÓN (I)
Reconozco que puedo ser acusado por la actual legislación ibérica, inmanente que no trascendente, elavorada por unos cuantos románticos, tomando copas en el bar de un Parador Nacional de Turismo y que luego ufanamente pregonan que se han dado a sí mismos. Pero en mi defensa esgrimiré que nunca podré ser acusado moralmente por ellos, ya que de mis actos morales sólo respondo ante Dios, mi Creador y Redentor. También puedo esgrimir en mi defensa de que soy de los pocos españoles que han tenido el privilegio de ser dispensado de la jura de bandera, por las circunstancias del cambio de régimen y del vacío legal que todavía existía en su nueva relación con la iglesia. Yo no venero ni doy culto a trozos de tela y más cuando representan a los verdugos de multitud de inocentes a lo largo de su historia, bajo el pretexto de defender a sus dioses de sus enemigos. Porque mi vida y la de los que se han negado a dar culto al emperador romano, a sus tribunos y a la multitud de sus cortesanos en su mayoría afeminados y amariconados, que sólo buscan aparecer en el artilugio tecnológico para hacer cuatro muecas, decir cuatro chorradas sin substancia ni contenido, y al final esgrimir su hipócrita sonrisa para obtener los "cacaos", digo que mi vida es sagrada ya que no me la han dado ellos sino Dios, pese a su insistencia en querer dominarnos y controlarnos esa vida con sus opresoras políticas.
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