lunes, 31 de mayo de 2010
NUNCA HE SIDO PESETERO NI MALGASTADOR
En mi primer libro titulado "Telegramas desde el Olimpo" escriví que soy agarrado, pero debo precisar que lo soy en el sentido de que por el hecho de que no soy un ángel valoro lo que cuesta ganar un euro, y por tanto nunca he malgastado el dinero, casi nunca he dado limosnas y son contados los regalos que he hecho, ya que no me gusta cargar con los pecados y responsabilidades ajenas. Además siempre me ha gustado seguir la política económica de las hormigas de ahorrar en tiempos de abundancia para no quedar colgado en tiempos de escasez. Pero no me importa gastar el dinero cuando esto es necesario, eso sí procurando que no me estafen. Mi búsqueda de recursos nunca me ha llevado a engañar o estafar a nadie, cosa que por naturaleza siempre me ha repugnado, aunque siempre he reclamado lo que por ley me correspondía. Así, a pocos meses de ser ordenado diácono no habiendo recibido ninguna nómina, en una reunión de curas presidida por el obispo Carles, me levanté y pregunté: Bueno ¿y los diáconos cuándo cobramos? A lo que la concurrencia respondió con una carcajada general, como si yo les hubiera descubierto un secreto sospechado por sus mentes calenturientas de que mi intención de hacerme cura era por la puta pela viviendo del cuento, según ellos consideraban su oficio de curas. De hecho, investido ya de esta fama para siempre, el cura jubilado de la Galera, al hacerme cargo de la parroquia no me dejó el manejo del dinero, teniendo yo que pagar de mi bolsillo a unos señores que contraté de Tarragona para dar charlas a mi feligresía. En resumen siempre me ha dado asco e incluso conmiseración tanto el derroche caciquil de los que pagan fiestas, como la acumulación de dinero en el banco para poder presumir de ser los más ricos del cementerio llegada su hora, cosas fecuentes en las gentes de estas estas tierras.
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