sábado, 29 de mayo de 2010
EL FESTIVAL DE EUROVISIÓN (I)
La música "chin-chin" en la que sigue anclado el incombustible y tozudamente repetitivo festival de Eurovisión desde que yo tuve uso de razón y ya tengo 56 años, continúa siendo el reflejo de la cultura nihilista europea, que todavía sigue considerando la vida como un imparable, fatal e incorregible frenesí, del "sálvese quien pueda", del "a vivir que son dos días" y del "ave que vuela, a la cazuela". Todo ello es consecuencia de la insolación que cogieron los primeros turistas europeos al visitar nuestras costas para disfrutar del "sol español". De hecho la primera vez que España ganó el festival fue en la época aperturista y opusdeísta del franquismo, divorciado definitivamente del falangismo de las camisas azules, y lo ganó de mano de la marimacho sexual, la Massiel, por cierto con una atrevida minifalda, que desentonaba con la rígida moral católica de España impuesta por su iglesia oficial, y que entonces hacían actuar a los españoles como reservistas espirituales de Europa. Así la Massiel daba la imagen internacional de que algo en la dictadura franquista estaba cambiando. Por lo que su canción fue "light", desenfadada y como de niñas de colegio de monjas. Sólo cabe fijarse en que el título de la canción era "LA, LA, LA", vamos, como dirigida a subnormales para dar la impresión de que éste era un ingénuo país de jauja.
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