lunes, 17 de mayo de 2010
NIÑOS PARA CON DIOS Y ADULTOS JUSTOS PARA CON LOS PUTEADORES
Puedo presumir de que, aún a "trancas y barrancas", es decir, pasando por muchas noches oscuras como la que pasó S. Juan de la Cruz, mantengo intactas la misma Fe, Esperanza y Caridad hacia Cristo que el día de mi primera comunión, y el mismo compromiso por servirle que el día en que fui ordenado sacerdote. Por sólo estos dos hechos me considero mucho más adulto y responsable que, por ejemplo, el zángano gangoso y toda su caterva de foragidos y pistoleros que tienen que acompañarlo allí a donde va, siendo que yo nunca he precisado de escolta. Él la debe precisar por aquello de que "quien teme, algo debe". Pero aún así nunca "me he chupado el dedo" y cuando tengo que mentir a un enemigo lo hago, por aquello de que "quien roba o miente a un ladrón, tiene cien años de perdón". También debo reconocer que hace más de cinco años que no digo misa ni tan siquiera en mi casa, ya que al recibir la eucaristía sentía dolor de estómago, nerviosismo y malestar general. Sospecho que o bien mi madre, o la puta de Albiol que vive casi en mi misma calle, o el capo Ripollés, siendo estos dos curas los únicos que concelebraron en mi primera misa en el convento de las carmelitas de Jesús, me debieron hacer alguna brujería desde la distancia para que al recibir la eucaristía me hiciera daño. De estos dos curas sólo sé estas dos pistas. De Albiol cuando yo pasaba por la plaza Joaquín Bau y sabiendo que yo ya no me relacionaba con ningún cura, siempre pasaba también por allí ya que se conformaba con que le mirara su aspecto de cura abnegado y con el traje negro reglamentario como el de los estorninos del Opus, sabiendo que no podía agredirlo ni insultarlo públicamente ya que si lo hacía, yo sería inmediatamente "carne de cañón" de los loqueros o de los mossos. Respecto a Ripollés, éste muchas noches se reunía con mi madre en un piso de mi escalera en que vive una solterona anciana de su pueblo, La Mata. Incluso al día de hoy pesa sobre mí como una invisible y no escrita prohibición de decir misa. Por lo que sólo puedo exclamar con el salmista "estamos en tierra extraña, no tenemos ni templo, ni sacerdotes, ni un lugar en donde darte culto, Señor".
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