sábado, 1 de mayo de 2010
1 DE MAYO, FIESTA DE S. JOSÉ OBRERO
Sé que el recordar los lemas de la trilogía final les va sentar como una patada en los cojones a los dioses, argonautas, moros, judíos, comunistas, masones, y a la caterva de cerdos y cerdas ibéricos extendidos por los cuatro puntos cardinales, incluido el sacrosanto imperio americano. El lema de Giussepe Sarto era: "Regnare Christum volumus" (Queremos que reine Cristo). El lema de Escrivá era: "Poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas". Yo me he limitado a robar para mi radio pirinaica, al perpetrar mi golpe de estado en el Vaticano utilizando mi caballería, el lema de la radio vaticana: "Laudetur Jesus Christus" (Sea alabado Jesucristo). En dicho golpe también robé la bandera, que tengo a buen recaudo. Pero lo típico de mi misión es que he de ejecutar y materializar estos lemas. Hasta ahora ha sido un trabajo lento y costoso por la falta de colaboradores y he tenido que seguir el adagio italiano de que "qui va piano va lontano" (el que va paso a paso llega muy lejos). Y a los que quieren "pelarme" para parar este proceso irreversible de justicia y caridad les cantaré la canción del conjunto catalán Los Sirex: "Que se mueran los feos, que no quede ninguno de feo". Todavía me falta representar la última y decisiva escena de las pinturas de Mirambel, el mapa-guía del siglo XVI de la Orden Militar de Malta que sigo, en que Sansón muere matando a 3.000 filisteos. De momento ya ha muerto Sansón ya que hace poco en el quirófano me mataron el canario. Falta poner la última piedra, la muerte de los canarios de todos los dioses, para lo que necesito la colaboración tanto espiritual como material de mucho personal humano y cirujano.
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