sábado, 15 de mayo de 2010
NO QUIERO GUERRA PERO SÍ JUSTICIA (y III)
Perdón, he de reconocer, corrigiendo lo de la carta anterior, que en mi trifulca clerical, cuando los envié a todos a parir, hubo sólo un individuo en esta católica y meapilas ciudad en que los beatos se disputan una barra de palio para la procesión del Corpus o el pendón para la de la Cinta, que me defendió. Se trata de uno de Tivenys, de sobrenombre "el abogao", al que como "no es de la pirroquia, como el pobre Simón", como decía la canción, esta ilustre ciudad le ha colocado el letrero de subnormal. Pues éste un buen día se colocó el traje, la corbata y cogió una cartera, y haciéndose pasar por mi abogado y sin cobrarme un euro, se entrevistó con el obispo para defenderme. En todo este contubernio de la "escopeta nacional" cabe destacar la actuación estelar por la contratación por parte de los padres anteriormente mencionados, de los eternos y ahora chiripitifláuticos enemigos del cristianismo verdadero, los moros del Islam, para ver si consiguen erradicar de las mentes del populacho cualquier vestigio de verdadera Fe cristiana que todavía les haya quedado. Por último diré que en esta pseudodemocracia pansexual, pandrogata, panatea y que milita por exportar esta mierda a nivel mundial con el apoyo incondicional del sacrosanto imperio americano, yo no seré el nuevo "chivo expiatorio". Los judíos del Antiguo Testamento, como pálido reflejo de lo que hacían y siempre habían hecho en el extremo opuesto del Mediterráneo ya que aquí los chivos eran personas de carne y hueso, cogían un macho cabrío y cargando sobre él todos sus pecados lo despeñaban por un precipicio para que con su muerte se liberaran de sus pecados, por lo que le llamaban "el chivo expiatorio". Pues esto aquí ya ha terminado para siempre ya que de ahora en adelante, cada cual tendrá que responder de sus delitos, ya que yo no puedo, ni quiero, ni debo cargar con los pecados reservados únicamente al Juzgado de Última Instancia.
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