miércoles, 3 de marzo de 2010

TAYO SIGUIÓ A UN ÁNGEL (III)

Cuando la argonauta abuela Antonia decidió repartir la herencia familiar entre sus hijos lo único que le preocupaba era que Tayo quedara satisfecho y no se enfadara, por lo que éste como "hereu" tomó la salomónica decisión de dar al resto de los hermanos 50.000 pesetas y quedarse él con todo el patrimonio familiar del pueblo, comprometiéndose a acoger gratis a cualquier familiar que quisiera visitar la casa familiar convertida en restaurante. Debo precisar que yo la mayoría de veces que he comido en el salón de dicho restaurante he tenido que pagar como un cliente más. El resto de hermanos dieron por buenas las 50.000 pesetas puesto que entonces Mirambel estaba bajo mínimos y de "capa caída". La causa es que desde el año en que se conmemoraban los 25 años de paz franquista, emigró mucha gente  del pueblo dejándolo en la pura supervivencia a causa de que ese año hubo una guerra intestina en el pueblo dividido en dos bandos, el gubernamental que se reunía en el bar de Tayo y el parroquial que se reunía en el bar de Mancurris estramuros del pueblo y que durante la revolución del 36 formó parte del comité anarco-comunista del pueblo y cuyos hijos en la actualidad son del PP mientras que los de Tayo son del PAR con tendencia al socialismo. En esa reyerta tuvo que intervenir el juez paz del pueblo, Roque el herrero, que tuvo que encarcelar a algunos por agresiones físicas. Todo por la disputa de las plazas de maestos, los gubernamentales estaban por los que había puesto el estado y los otros defendían las plazas que se habían arrogado la mujer del médico y el cura. Pero Tayo siguiendo las predicciones de su angélica madre, que decía que Mirambel volvería pronto a su antigua grandeza, aguantó en el pueblo aún con todas las penalidades esperando en esas promesas.

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