miércoles, 17 de marzo de 2010

PINTADAS EN EL DESIERTO PAGANO (y IV)

Eso sí, aquí lo que choca a la gente, considerándolo una cosa extravagante, fuera de lugar, pintoresca, incluso divertida y propia de gente sonada, es ver a alguien enfadado, cabreado e indignado por mucha razón que tenga en lo que dice. Por ejemplo hace poco me enfadé con una persona y los otros sólo me dijeron que me tranquilizara, a lo que yo repliqué que en este pueblo lo que me sobra es tranquilidad y que hasta incluso me sale por las orejas. Hay un catedrático de instituto como se hace llamar él y que está jubilado, que por cierto, a pesar de que fue seminarista y estudiante en la Pontificia de Salamanca, ha hecho más ateos desde su cátedra que páginas hay en el Capital de Marx, pues a éste un día le oí decir que en la actualidad "Tortosa es una bassa d'oli" (Tortosa es una balsa de aceite). En efecto después de la guerra, Tortosa que desde la noche de los tiempos siempre había sido una estratégica plaza militar, derribó sus cuarteles y ya no se volvieron a ver militares por sus calles, y en esos solares construyeron al final del franquismo un Hospital para toda la zona. Una vez yendo por las calles de la ciudad en el cohe del marido de una prima de Binéfar, de repente me dijo que Tortosa parecía una ciudad-balneario. Con todo, una vez que un individuo se tiró de un cuarto piso en un edificio casi tocando al mío, me enteré del suceso por pura chiripa en el bar de la esquina. Y del actual tema estrella mediático de los delitos sexuales del clero, aquí aunque hubo uno público y notorio no apareció en los medios ni hubo chismorreo de parte del "populus barbarus", cuyo nivel se puede detectar en la siguiente anécdota. Cuando descargaban las estatuas para el Parque del Príncipe, delante de la iglesia de Remolinos, esculturas todas en pelotas, obra del escultor de la Meseta, Santiago de Santiago, a la gente de Remolinos sólo se le ocurrió decir, como si aquello fuera lo más normal del mundo, que se trataba de las nuevas imágenes de santos para la iglesia que sustituirían a las antiguas. Como conclusión sólo diré que yo aquí he llegado a un punto en que ya no me fío ni del más pintado, limitándome a desempeñar el papel del típico gallego con aspecto de gilipollas, y observando quién es el que me pega ostias para devólverselas con los correspondientes, preceptivos y justos intereses.

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