miércoles, 3 de marzo de 2010

LOS BOTIGUEROS EN MIRAMBEL, HOY (y epílogo II)

En la carta anterior me dejé que hay algunos jóvenes del pueblo que les echan una mano, hora trabajada hora cobrada, como camareros en los días de fiesta que son los de mayor afluencia de clientes. Un hermano del cura misionero en el Perú, director de Ibercaja en Cantavieja, es el que les guarda y administra la "morterada". Han conseguido hasta parar las campanas del reloj parroquial, supongo porque a algún cliente del hostal no le dejaban conciliar el sueño por la noche. Poseen como una especie de radar invisible con el que controlan hasta los que pasan por la carretera al lado del pueblo que se dirige a Cantavieja, lo digo porque lo he comprobado por experiencia propia. Tomaron a mal el que yo sin consultarles nada pusiera mi casa para ser alquilada por el encargado del turismo rural, ya que ellos hubiesen preferido que se las hubiera prestado para colocar a sus clientes que se quedaban sin habitación. En Mirambel sentía miedo y vergüenza cuando a veces en lugar de ir al bar del hostal me dirigía a una tasca que hay fuera de las murallas. Por último como detalle curioso diré que todavía en la actualidad, la "faenas" cuando se dirige a su marido de casi noventa años todavía le dice "hijico" o "chiquico".

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