martes, 16 de marzo de 2010
LA CERDADA DEL ARCÁNGEL GABRIEL (y II)
Mi padre Abelardo para sacarme de la influencia de su argonauta madre y de su seguidor Tayo, y queriendo responsabilizarse de mi educación, a los seis meses de estar embarazada mi madre, salió de Mirambel y vino a vivir al arrabal de Jesús, aunque toleró por imperativo legal que Tayo, que quería controlar todo lo humano y divino de mí, fuese mi padrino de pila. Cabe decir que yo no toleré que este indiviuo que siempre me ha caído mal, fuese eLl padrino de mi ordenación sacerdotal. Escrivá desde su distancia romana estuvo siempre al tanto de esta artera operación angélica, encaminada a hacer surgir un nuevo hombre que fuera sumiso y dócil a los caprichos e intereses ateos que los dioses preparaban para la humanidad. Para lo cual debió rezar y sacrificarse mucho y así arrebatarme de las garras de las fuerzas del mal y para que siempre saliera vencedora, en el pulso de mi educación, la verdad católica representada por Abelardo y mi abuelo Manuel. Por ello Escrivá, después de su deber cumplido, y viendo que yo, el melón, le había salido bueno, se mostraba contento y optimista en sus últimos años e incluso, presagiando la multitud de tinieblas y el diluvio universal que se avecinaba, y que hacían prever la lucha titánica, dura y planetaria que me esperaba tanto a nivel de micro como de macrocosmos, me hizo llegar un mensaje de ánimo en la victoria final, a través de un socio de la Obra, Perico Lombardía, canonista y laico, profesor de la Universidad de Navarra, en una tertulia nocturna, de verano y al aire libre en Castelldaura, entre Premià de Mar y Premià de Dalt junto a Bardelona, en que dijo que le había comunicado Escrivá que ¡TODO SE ARREGLARÁ!
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