lunes, 22 de marzo de 2010

FIN DE LAS BROMITAS Y LA SIMPATÍA

Recuerdo que hay un cura de la diócesis ya jubilado en Batea, llamado Cristóbal Suñé, que fue muchos años cura de la Cenia, y al que una vez visitó en una fiesta del pueblo el "showman" televisivo José Mª Iñigo, y con el que parece tuvo muy buen "filling". Por cierto, Iñigo solía en sus programas "dar caña" al "chaval" católico al estilo europeo, como quien la cosa no iba con él, y de cuyas bromitas debería regodearse Franco en su saloncito de la tele junto con la "collares" y la multitud de cerdos ibéricos. Pues Suñé, con aversión al estudio y a la ciencia como la mayoría del clero ilercavón, se doctoró en montar viajecitos turísticos a Roma, aprovechando su gancho populista, dicharrachero, chistoso y campechano aunque también con una maléfica vena iracunda ya que cuando se enfadaba temblaban los cimientos de la tierra. En el extranjero, como el típico español cañí que se cree superior al resto de la gente del planeta, solía meterse con el primer personaje que se tropezaba por la calle. Llevaba siempre una bota de vino y una vez en la plaza de S. Pedro se metió con un anciano cardenal cargado con el peso de la púrpura, diciéndole y poniéndole la mano sobre el hombro: "¿Qué fotem, Jaume?" (¿Qué hacemos, Jaimito?). A lo que el educado príncipe de la iglesia le respondió molesto por su chavacana falta de respeto: "Usted es un maleducado". Pues esto es lo que pienso de todos los íberos. Respecto a la simpatía, que por cierto aquí en Tortosa tiene dedicada la carretera de la Simpática, ya comienzo a estar hasta el mismo gorro de que tanto simpático hipócrita utilice esa arma para clavarme puñaladas traperas, sobre todo los que salen por la tele.

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