miércoles, 17 de marzo de 2010
PINTADAS EN EL DESIERTO PAGANO (III)
Y todo ello sin que nunca nadie me haya explicado el misterio, transmitido de generación en generación y guardado celosamente por los indígenas, que hace de esta ciudad y sus comarcas un desierto de 6.000 años, de enigmas, misterio, sin defensa, ni protección y abandonados a su albur del destino y de inexplicables maravillas propias de los más fantásticos países que nos cuentan los cuentos, para todos aquellos que como yo les hemos sido siempre extraños ya que no hemos querido entrar en su pagano fatalismo de poder, muerte y destrucción, en fin, en su modus vivendi semejante a la vida de las serpientes y escorpiones, que siempre están en guardia para lanzarse sobre los que ellos consideran sus víctimas, presas o enemigos a batir. Por último diré que aquí he visto cosas rocambolescas como la que me contó un joven conocido, cuando al pasar automáticamente el listado de teléfonos de sus amigos de un móvil a otro nuevo, aparecieron al lado de cada teléfono una serie de signos informáticos que intentamos descifrar. Por ejemplo aparecía el signo del dólar y comprobamos que aquel amigo suyo era de una casa con bastante poder adquisitivo. Y así fuimos descifrando todos los demás. Le pregunté a mi cuñado el policía si eso era cosa de algún cuerpo de seguridad y me dijo que no. De lo que dedujimos que quizá aquí había una secreta y tupida red de espionaje no gubernamental que controlaba los movimientos de las personas non gratas para ellos.
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