miércoles, 3 de marzo de 2010

TAYO SIGUIÓ A UN ÁNGEL (II)

Al terminar la guerra civil el secretario del pueblo negó a la viuda del ejecutado Manuel, una paga de viudedad del estado por los "caídos por Dios y por España", ya que la causa de la muerte de mi abuelo no fue reconocida ni por la España vencedora, ni por la vencida, ni por la iglesia oficial, aunque mi abuela guardaba celosamente una bandera de Falange Española y de las JONS. Únicamente mi padre guardó hasta el final de sus días como patrimonio familiar las dos únicas fotos de su padre del acto de colocación de una placa, siendo alcalde de Mirambel, en homenaje a un cirujano de Mirambel que llegó a ser rector de la universidad de Valencia, y que sigue colocada en la fachada de la casa en que nació dicho cirujano, que fue la primera vivienda-tienda de mi abuelo al venir a instalarse en Mirambel procedente de la Mata. Dicha casa está en la plaza Aliaga o placeta. Y el motivo de que mi padre guardara esas fotos como "oro en paño" era igual que pienso yo de que esa inauguración fue el cuerpo del delito por el fue ejecutado mi abuelo, es decir, que derramó su sangre por defender la permanente aspiración bíblica, simbolozada por la cruz "tau", que no significa otra cosa más que la castración de los dioses, y de cuya causa han hecho bandera santos de la Iglesia como S. Antonio Abad o S. Francisco de Asís, como también artistas como Gaudí, Buñuel, Dalí y el todavía vivo el catalán Antoni Tapies. Otra de las pruebas de que mi padre fue el díscolo de la familia por seguir a su padre en lugar de a su madre, aparte de que fue el primero que emigró de Mirambel en 1953, es que cuando él y Tayo pasaban por delante del trinquete, mi padre se dirigía a la ventana de la cárcel en donde estaban presos los criminales que mataron a su padre para insultarlos y llenarlos de improperios, mientras que Tayo sólo le decía que los dejara y se viniera con él a casa. Y por último una vez que mi padre y yo visitamos la lápida de mi abuelo en Alcorisa (Teruel), al comentar su muerte con unos señores que estaban allí, fue la única vez en mi vida en que vi llorar a mi padre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario