miércoles, 21 de abril de 2010
SAMARANCH, UN TREPA "TIPICAL SPANIS"
Juan Antonio Samaranch ha sido uno de los ejemplos paradigmáticos, junto con Fraga o el tortosino Juaquín Fabra, del típico trepa ibérico, al igual que todos los que en su óbito han hablado elogiosamente de él, como el principito y demás gentes de mal vivir. Humanamente Samaranch fue un individuo sin verdad, sin honor, sin coherencia, sin ideología y sin honradez, cuyo único objetivo fue el estar siempre en lo más alto del candelero y de vez en cuando dar la paliza mediática en el cajón mágico. Esto por lo que respecta a lo estrictamente humano, por lo que ya es baladí usmear en su aspecto cristiano, aunque quizá en su día, como miembro de la entonces burguesía catalana franquista, fuese quizá bautizado por el Arzobispo de Barcelona en la mismísima catedral condal. Dedicó la mayor parte de sus esfuerzos a la promoción del deporte, llegando hasta la cúpula del olimpismo mundial, desde donde hizo retroceder la cultura del deporte hasta los tiempos precristianos y estrictamente paganos de la antigua Grecia. Él veía a los deportistas como simples masas corpóreas tejidas de huesos, nervios y masa muscular, como perfectas máquinas de la naturaleza cuya finalidad era superar récords aunque sólo fueran de un segundo y cuyo lema era el "longius, altius, fortius", el mismo que le dio al remodelado colegio diocesano de la Inmaculada, al ser llamado colegio de la Sagrada Familia, su director, el "Ger" Enrique Aymerich, un forcallano que a pesar de sus estudios en Roma y de alguna incursión en Alemania, nunca ha dejado de ser un paleto de pueblo, aunque cuando se dirigía por carta a su padre, director de Correos de Castellón, lo hacía con toda la nomenclatura y títulos del protocolo oficial.
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